BRUNCH.

Ayer, al borde del ataque de nervios por tener a tres churumbeles adorables pero chupa-energias a tope, los bajé a tomar algo a la cafetería Dalai, debajo de mi casa.

Cuando oigo decir que una vez que eres padre/madre se acabó el salir, me meo de la risa. Una cosa es que tu vida social se vea algo alterada y que tiendas un poco más a juntarte con los de tu especie (tardes de cierzo infernal en parques, cumpleaños/comidas  en sitios de bolas que atentan contra la cordura de una, tardes en centro comerciales sin, por supuesto, pisar una jodía tienda etc…) pero yo nunca he salido más.

Antes de propagar mi descendencia por este mundo, podía estar de viernes a domingo sin despegar el body del sofá y atiborrandome de maratones  de Mad Men, Mujeres Desesperadas, Glee, todos los CSI’s, Pepa y Pepe y si señores, incluso The OC, que me chiflaba, más feliz que una  perdiz, sin echar de menos el aire puro en absoluto...Ahora la casa es mi enemiga…

He llegado a salir de casa descalza, poniéndome los zapatos en el ascensor, e incluso con alguna parte de mi ropa interior de menos. Lo de que ellos fuesen peinados y con la cara/manos lavadas era lo de menos,,,¿para qué está la saliva de una madre?…y es salir a la calle, incluso con un frío/lluvia del carajo y todo se ve diferente, incluso aunque una no pueda prepararse ni su propio café…

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